Sin el profesor Locovich ni Penélope Glamour, pero igual de divertidos
Jueves, 14 de Agosto de 2008 14:12
“La asociación es inevitable, pero no nos inspiramos en eso”, jura Claudio Bernini, encargado de armar y mantener cada una de estas piezas de colección. Los vehículos se lucen, especialmente, en los carnavales de Lincoln y en cada Día del Niño. Pero también se los puede contratar para shows.

Hay situaciones que, aunque se repitan una y otra vez, siempre llaman la atención. Este es el caso de “La Troupe de los Autos Locos de Lincoln”, vehículos que hacen la más disparatadas piruetas, que desafían la lógica y que, por ejemplo, se desarman y se vuelven
a armar mientras circulan.

Todo ante las caras de asombro de quienes los ven por primera vez, o de quienes ya vivieron la experiencia pero siguen sin poder creerlo. Como si se tratara de aquella popular serie de dibujos animados estadounidenses (Wacky Races), que se emitió en el canal CBS entre 1968 y 1970.

Pero, en este caso, en la vida real. “La asociación es inevitable, pero no nos inspiramos en eso”, jura Claudio Bernini, encargado de armar y mantener cada una de estas piezas de colección.

El verdadero origen de estos “Autos Locos” -los de chapa y motor- se remonta a diciembre
de 1974, y se debe sólo a la inventiva de un grupo de gente liderado por Julio Bernini (padre de Claudio), quien armó el primer vehículo de la flota: Loca Pero Estanciera. Eso les dio la confianza necesaria para seguir creando, siempre con el objetivo de poder realizar las más graciosas y alegres piruetas sobre ruedas. En 1976, apareció Rana y Bailarín, y en 1977, El Fuelle de Pichuco.

“El último que armamos es Giro con tornillo. Mi viejo, que falleció en agosto de 2005, quería hacer un auto que diera la vuelta carnero. Pero no pudo. Entonces nosotros lo hicimos, como un reconocimiento a él”, cuenta Claudio.

Y se ríe de las cosas que se les ocurren en el taller: “Vospensá que hacemos todo lo contrario a lo que hacen los ingenieros de las fábricas automotrices, que trabajan todo el tiempo para darle seguridad a los vehículos: que no vuelquen, que frenen
bien, anden derecho...”.

Un oficio heredado

Julio tuvo un taller mecánico durante 40 años, y siempre vivió de
eso. Pero su pasión, sin dudas, fue crear estos autos. La profesión y el pasatiempo hoy son
las mismas para Claudio, quien asegura que con él no se termina esta historia: “Trabajo con un primo hermano, Sergio Ferrero, y varios chicos que nos ayudan,

AUTO POR AUTO

El plantel actual que forman lo que se puede decir que es el “semillero”. También
participan los choferes, los hijos de ellos… Y mis tres chicos (Maylen,
de 13 años; Thiago, de 9; y Tadeo, de 5) ya están entusiasmados con esto, y seguro lo van
a seguir cuando sean grandes”.

Estos vehículos se lucen, especialmente,en los carnavales de Lincoln y en cada Día del Niño.
Pero, desde su sitio web (www.autoloco.com.ar), también se los puede contratar para algún
show. “El precio de los espectáculos varía de acuerdo a dónde sean, y la cantidad de autos que llevemos. Nosotros cobramos $800 por cada uno”, detalla Bernini, “más gastos de traslados y también de alojamiento, en el caso de que sea un show de dos días. Pero esto no lo hacemos por plata, sino por un gusto personal, para poder viajar y conocer lugares nuevos”. Claro,también el dinero recaudado es más que necesario para poder mantener la tropa, y crear uno nuevo: armar un auto puede costar desde $6.000 a $15.000, y se
tarda entre 15 y 20 días.

Los Autos Locos. Sin Pier Nodoiuna ni Penélope Glamour,pero igual de divertidos…


El plantel actual

Rana y Bailarín: un Citroën 2CV que se mueve, se sacude, y baila con sus ruedas traseras.

La Bolita Loca: un Fiat 600 que se separa en dos. Cada mitad circula individualmente, y vuelven a unirse.

El Ratón Loco: el famoso Ratón Alemán, que se tumba hacia amboslados, y gira en el lugar.

El Taxi Loco 1 y 2: son dos Ford 25. Se paran sobre sus ruedas traseras.

Giro con Tornillo: un Isseta que gira hacia delante sobre su propio eje.

El Fuelle de Pichuco: otro Citroën 2 CV, creado en homenaje al tango y a Anibal Troilo. Se mueve al compás de la música.

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