
Más activo que nunca, a los 82 años, recuerda el lugar de su infancia y adolescencia, y al que siempre vuelve. Hizo la primaria en la Escuela Nº1, trabajó en una propaladora y en una biblioteca. “El chico de Villegas es libre, callejero. Nosotros jugábamos al villar, llegábamos tarde a la casa…”, dice visiblemente emocionado.
Antonio Carrizo es, sin dudas, un verdadero hombre de los medios. Muy especialmente, de la radio. Gran parte de sus 82 años estuvieron atados a ella. Tanto, que en el ‘48 ya comenzó su recorrido, en la emisora El Mundo. Y su trabajo también le dejó una gran cantidad de amigos, a los que menciona con orgullo, como Jorge Luis Borges, Silvina Bullrich, Ernesto Grillo o Atahualpa Yupanqui,aunque “me gustaría nombrar a todos, pero por suerte es imposible”, cuenta. Pero a la hora de hablar de afectos, para él es imposible no referirse a General Villegas, su lugar de origen: “La patria es la infancia, y mi primera juventud la pasé ahí. Es donde tengo mis raíces, el sitio en el que vive mi hermano, y en el que están enterrados mamá y papá… todo eso es muy fuerte”. Rápidamente, las imágenes del pasado desfilan ante sus ojos, y comparte que “yo hice la primaria en la Escuela Nº 1, la que está enfrente de la plaza. Y mi primer trabajo fue en una propaladora. Por aquellos días también estudié declamación, piano… pero todo fue muy vago, digamos… es que el chico de Villegas es libre, callejero. Nosotros jugábamos al villar, llegábamos tarde a la casa…”, define. Aunque agrega: “En mi caso también había mucho libro. Fijate que a los 12 años empecé a trabajar en una biblioteca, de la que vinieron a buscarme porque sabían que yo leía bastante y me iba a gustar. Ahí acomodaba, barría las escaleras, limpiaba”. El comienzo radial Aunque en su pueblo ya tenía experiencia ante los micrófonos, el comenzar a trabajar en Capital fue algo que lo marcó. “Un señor de Villegas me hizo probar acá por un gran locutor, Julio César Barton. Y ahí empecé. Hice frases comerciales sueltas en radio Belgrano, y en Radio del Pueblo. Hasta que me tomaron una prueba en radio El Mundo, y comencé‘oficialmente’ mi carrera”. La mudanza también significó aprender ciertos códigos para “convertirme en un porteño bien porteño. Yo primero viví en una pensión en Tucumán 769. De Esmeralda al norte para el lado de Retiro, como dice el tango. Era el mundo de la orquesta. Mi mundo”. Plenamente activo, trabaja como si estuviera comenzando: conduce “La vida a las 12”, y “El sábado… radio”, por Rivadavia; “Tangos y Libros”, los domingos en la 2x4; y “Los Grandes”, un ciclo de entrevistas en el canal Volver. Igual se toma su tiempo para estar con amigos y contar anécdotas, como una con Maradona: “Antes del partido contra los ingleses, en el ‘86, planté un árbol en honor a lo que intuía iba a ser su consagración mundial. Diego lo sabe, y siempre me pregunta: ‘¿Cómo está el árbol?’. Y yo, de acuerdo a cómo esté él mismo, le digo un poco torcido, ahora más derecho…”. Para el cierre envía un saludo “a todos los periodistas de Villegas”. Y se queja, con una sonrisa: “Me enteré que ahora se usan los nombres de las calles. Yo ni me los acuerdo. Cuando era chico vivíamos al lado de la farmacia, o a la vuelta del kiosco…”. DEFINICIONES DE CARRIZO Diferencias entre villeguenses y porteños Para Carrizo, hay varias diferencias entre los porteños y los villeguenses, lo que a su vez les otorga ciertas ventajas a unos sobre otros: “El porteño lee el diario y siempre ve más allá de los hechos, porque tiene un cierto escepticismo y está acostumbrado a pensar que, en una noticia, hay más que esa noticia. En cambio, la lectura de la gente de Villegas es mucho más ingenua, y mejor, en cierto sentido. ¿Para qué buscar en los recovecos? En Villegas no queremos un mundo tan grande”. También destaca que “la vida en el campo es mucho más barata. Un tipo sale con unos pesos en el bolsillo, y cuando vuelve tiene la misma plata. Fue, caminó, por ahí se gastó un peso en el café con los amigos, quizás juega un chinchón por guita, pero no por mucha… y no más que eso. No hay en qué gastar”. Pero en esta comparación, hay un punto en el que sale favorecido el hombre de la ciudad: “El sólo debe conocer la línea de colectivo, el subte y su función en el trabajo. En cambio, el hombre del campo tiene que estar asesorado por un montón de especialistas que lo ayuden en su tarea rural. Alguien dijo una vez que una sociedad que llega a ser la industria del automóvil, es menos sofisticada que una sociedad ganadera. Y puede que sea así”.
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