
El ídolo asegura que “es una cuenta pendiente: tengo que juntar coraje y visitar a mis hermanos y familiares”. Hoy, a casi 20 años de su último partido en Primera, “El Loco” recuerda sus inicios en Huracán de Tejedor, donde debutó a los 14 años.
El pelo canoso y largo. Varias arrugas en la cara y en las manos. Algunos kilos de más. Pero la misma chispa y la actitud de siempre. Hugo Orlando Gatti, a los 64 años, transpira como pocos mientras se ejercita en el gimnasio Magic Center, en pleno Palermo. Sin embargo, la charla con BUENO comienza varios kilómetros más lejos: siente la necesidad de hablar sobre Carlos Tejedor, su ciudad natal.“Tengo un sentimiento de culpa bastante grande con Tejedor. Hace varios años que no voy, y creo que es en parte desde que fallecieron mis padres allí.
Regresé una vez y sentí mucha nostalgia y tristeza; no lo pude superar”, arranca el ex arquero de River, Boca y la Selección Argentina, entre otros equipos. Más allá de su ausencia, Gatti es un pedazo de historia del Partido. Allí comenzó a gestar esa leyenda que lo tiene como creador de un estilo único a la hora de atajar. Fue el primero en hacerles entender a los directores técnicos que los arqueros podían jugar con los pies, y no solamente con las manos. “Siempre fui un atrevido, me gustaba arriesgar. Mi primer club fue Huracán de Carlos Tejedor, que tiene la camiseta azul y amarillo como la de Boca”, cuenta.Ahí dio sus primeros pasos como jugador. “No era arquero. Mi hermano era el titular indiscutido de Huracán. Yo jugaba arriba; era un mediapunta ligerito. Pero en un partido importante se descompuso y me mandaron al arco. Y el resto de la historia ya la conocen, ja”, bromea Gatti, mientras le da duro a la cinta.Cuando “El Loco” debutó en el arco de Huracán, tenía apenas 14 años. Desde entonces, alternó con su hermano Ernesto en el puesto, hasta que le terminó ganando la pulseada. Junto a ellos jugaban otros dos hermanos Gatti: “Cuqui”, que era lateral izquierdo, y Adolfo, un centrodelantero de mucha potencia. En 1960, el club de Carlos Tejedor jugó la final zonal contra Ingeniero White de Banderaló. El partido estaba 1 a 1, muy parejo. Hasta que Gatti bajó un centro con el pecho, abandonó el arco sacándose rivales de encima, y en la mitad de la cancha le dio un pase perfecto al wing izquierdo del equipo, Rubén “Rubio” Pérez. El zurdo definió después de desparramar al arquero visitante y la jugada que le valió campeonato a Huracán quedó para siempre en la retina de muchos vecinos del partido. “Dio la casualidad de que un dirigente de Atlanta estaba mirando el partido y nos propuso al ‘Rubio’ Pérez y a mi ir a probarnos. Yo no quería saber nada, pero mi viejo me subió a patadas al tren”, cuenta Gatti. A Pérez no le fue bien. Y volvió a Tejedor a los pocos meses. Pero “El Loco” comenzó a destacarse, aunque con mucho sufrimiento: “Extrañaba muchísimo a mi familia, el barrio, los amigos, la tranquilidad del pueblo. Hasta llegué a escaparme de la pensión varias veces”, rememora. Luego llegaron las primeras locuras: el debut en primera con Atlanta en el ‘62, el pase millonario a River, la suplencia a su ídolo Amadeo Carrizo, las transferencias a Gimnasia de la Plata y Unión de Santa Fe, y finalmente, el desembarco a Boca en 1976, donde se quedó más de diez años. “Creo que fue obra del destino. Terminé mi carrera con los mismos colores con los que la había comenzado”, analiza.Hoy, a apenas unas semanas del vigésimo aniversario de su último partido (se despidió el 11 de septiembre de 1988, en la recordada derrota de Boca frente a Deportivo Armenio por 1 a 0 en La Bombonera), Gatti divide su tiempo entre el gimnasio, el periodismo deportivo y su familia. Pero no se olvida de Tejedor: “Es una cuenta pendiente: tengo que juntar coraje y visitar a mis hermanos y familiares. Voy a volver cuando menos lo esperen”, promete. Fiel a su estilo, va por una nueva locura. OPINION Santiago Montes Amigo de la infancia y ex presidente de Huracán “Una gloria para el club y Tejedor” Aunque Gatti no es bien visto en la ciudad por los más jóvenes, que le recriminan que casi nunca viene por acá, los que lo vimos y crecimos junto él, le guardamos un gran respeto y cariño. No hay dudas de que es la máxima gloria de Huracán de Carlos Tejedor y un ícono del pueblo. Entiendo los motivos por los que se mantiene lejos. Siempre fue una persona reservada y solitaria. Pasé grandes momentos con Hugo. Fuimos juntos a la escuela y seguía todos los partidos de Huracán desde la tribuna. “El loco” era un excelente arquero, pero su hermano Ernesto era aún mejor. Pero tenía un problema: se descomponía de los nervios en los partidos trascendentales.Le decíamos “Chita”, al igual que la mona de Tarzán, porque Hugo era muy ágil y tenía una facilidad tremenda para treparse a los árboles. Y estuve con él y el “Rubio” Pérez en el mismo camarote del tren que los llevó a Capital Federal por primera vez. Yo iba a visitar a unos parientes. Recuerdo las palabras de Adolfo, su papá: “Hasta Buenos Aires no se baja nadie, eh”.
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